(Publicado el 18 de mayo)
Al calor de los acontecimientos, no puedo sino pedir perdón a todos los compatriotas que están padeciendo hambre y desesperación, desesperanza e ira por mi culpa, porque yo milité este gobierno.
Creí que ninguna calamidad podría ser peor que el gobierno de Macri. De verdad creí, con toda la buena intención del mundo, que podía albergar esperanzas de un futuro mejor. Pero el Gringo lo supo siempre, el Infierno está pavimentado de buenas intenciones; tiene un pavimento dorado pero sigue siendo un Infierno. Ese sábado vi aquel video por la mañana y fui feliz porque supe que no había manera de no ganar las elecciones del 27 de octubre. Estaba pletórica.
Pero créanme, lo estoy pagando. Lo pago en el insomnio que me provocan los viejos y nenes que se van a la cama con un mate cocido, los padres de familia que están sumidos en la depresión y la desesperación porque no llegan a pagar las cuentas, los que tarjetean la comida del mes, los que laburando son pobres, los jubilados indigentes, los que se vieron empujados a cerrar sus negocios o a trabajar en la clandestinidad debido a la cuarentena eterna.
No sé si terminaré de pagar esa alegría tan injusta alguna vez, pero pido perdón. Quizás me toque pagar en el exilio, o seguir viendo cómo el hombre a quien amo envejece sin que yo esté a su lado para cuidarlo.
Le pido perdón a la patria por esa alegría que sentí entonces, espero jamás volver a cometer por ingenuidad un error tan grande.
Sí, está bien, no tuve opción, no me dejaron alternativa, pero juro que jamás pensé que algo peor que lo que vivimos en aquellos años sobrevendría, y tendría que haberlo previsto. Toda la evidencia estaba a la luz, no vi porque no quise ver.
Perdón, compatriotas, de todo corazón. Y Dios nos ampare a todos.

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