Conspiranoia de vampiros




Es fácil entender por qué algunos se compran el cuento de la “conspiranoia” al oír como por accidente que suceden las cosas que de hecho suceden. El Mal es demasiado depravado para que los individuos comunes puedan aceptarlo y seguir como si nada con sus vidas.
Imaginate que tenés hijos chiquitos, ¿cómo hacés? De repente alguien te comenta que mientras tus hijos duermen o se meten a la pileta, toman la chocolatada, van a la escuela o juegan con el perrito, en otras latitudes hay niños a quienes los violan, los torturan o los abren en canal para beberse su sangre, comerse sus vísceras y ofrendar su carne a falsas deidades antiguas, demoníacas, que exigen niños como tributo. Es demencial.
Si uno de veras pretende seguir durmiendo por las noches algo tiene que hacer frente a esa realidad que supera en mucho a las peores películas de terror de la industria hollywoodense. O te inventás que es todo mentira, que cuando los orientales hablan del “baile de los vampiros acostumbrados a llenarse las entrañas con carne humana” en realidad están usando una metáfora, que “la carne humana” refiere a los recursos humanos y naturales de los países, no efectivamente a la carne real y tangible de los miles de niños sacrificados en tributo a Baal.
O bien hacés oídos sordos, seguís mirando Gran Hermano y jugando a la pelota completamente ajeno a lo que pasa, porque hay una guerra en Medio Oriente pero eso a vos no te interesa porque los Estados Unidos siempre hacen guerras y seguro es por algún interés que deben de tener en el petróleo de la región. Ni siquiera te suena el nombre de Baal ni tampoco te suena Epstein ni te suena su isla ni el Mossad ni nada, no te suena nada porque vivís en la tuya y todo eso tan exótico, raro y complejo no te interesa.
Pero volvamos a los que sí se interesan aunque sea un poco. Si de verdad te interesás, ¿cómo hacés para vivir en paz tu vida sabiendo que hay quienes se falopean con la esencia de los niños como los monstruos se abastecían de la energía de los niños aterrorizándolos en la película de Monsters Inc.? No, tiene que ser una teoría de la conspiración el adenocromo. Si lo gugleaste o le preguntaste a la IA y todas las veces te dijeron que esas cosas no existen, ¿cómo podría ser cierto algo tan aberrante? No, tiene que ser el invento de algún terraplanista que se fumó un porro y se comió unos hongos alucinógenos. Esa escala de la depravación y del Mal absoluto así, con mayúscula, no puede existir por fuera de la ficción. No si pretendés seguir durmiendo a la noche a sabiendas de que tenés hijos indefensos que habitan el mismo mundo donde esas cosas indecibles suceden.
Tiene que ser mentira. ¿Cómo alguien podría servir a un demonio, si siempre nos dijeron que Dios no existe? O que para ser inteligente hay que renegar de Dios, ser laico y de preferencia ateo. ¿Cómo podría ser que los tipos más encumbrados de Occidente, que deben de ser inteligentes además de ricos, no solo practiquen activamente una religión, sino que directamente rindan culto a demonios? Tiene que ser una conspiranoia.
Y sin embargo, en el fondo alguna duda debés albergar. ¿Será posible todo eso? ¿Será posible que esta gente haya elegido bombardear justo una escuela de niñas, matando a ciento setenta vírgenes de entre siete y doce años todas de un solo tirón, solo por un error de cálculo? ¿O habrá en esa operación algo de lo que afirman los conspiranoicos, aquellos que hablan de un mensaje satanista, un tributo a su deidad oscura y sedienta de sangre y al mismo tiempo una burla irónica sobre aquello de que “Occidente pretende liberar a las mujeres en Irán”? ¿Liberarlas de qué, acaso están presas?
¿Cuánto habrá de cierto en aquello de que el mismo tipo que en Occidente fundó Only Fans, el máximo proxeneta de la historia, ponía dinero en las campañas sionistas para “liberar a la mujer en Oriente”? Nah, hay que ser muy hijo de puta, tiene que ser mentira. Mientras las mujeres en Irán son libres de resguardar su cuerpo y mostrárselo solo al varón que eligieron como compañero, en la pieza y luego del matrimonio, en Occidente las mujeres somos libres de promocionarnos en plataformas de “contenido” para adultos, hacernos coger por dos mil tipos en un solo día, quedarnos embarazadas de alguno de ellos y subastar el nombre de nuestro hijo por nacer ante los “fans” que nos usaron como depósito de esperma.
Tiene que ser una conspiranoia, todo eso no puede ser real. Hay que ser demasiado cínico, demasiado perverso, demasiado oscuro y haberle vendido el alma al Diablo para que algo de todo eso resulte ser verdad. Y si lo fuera, nadie que tenga hijos, sobrinos, nietos o simplemente corazón, ningún individuo bien nacido podría volver a dormir en paz a la noche si creyera que algo de todo eso es real. Por lo menos en nuestra sociedad, una sociedad que ha matado a Dios y no lo tiene como respaldo y como consuelo.
Fijate lo que nos pasa a las mujeres en Occidente, para que nos pongamos a “liberar” a las orientales: nos violan en manada, nos tiramos de un quinto piso porque no soportamos más la existencia y aunque logramos sobrevivir, finalmente tenemos que pedirle permiso al Estado para que nos mate porque ya no queremos vivir. Nuestros padres apelan el fallo porque no quieren que nos asesinen, no quieren que nos maten con nuestro propio consentimiento, pero el Estado triunfa y nos otorga la muerte. Y mientras, nuestros violadores sanitos y seguros en una celda común.
Eso pasa en Occidente, mientras nos dicen que en Irán no hay libertad. Pero ellos viven por Dios y para Dios y acá nosotros ni siquiera tenemos el impulso de agradecer a Dios el milagro de habernos salvado de nosotros mismos cuando salimos airosos de un intento de suicidio. Jamás se nos ocurre pensar en eso como un milagro, sino que insistimos en querer morir porque no le encontramos un propósito a la vida.
¿Y cómo entonces no vamos a pensar que el horror no existe y que todo es relato fruto de las teorías de la conspiración? No podemos pensar que de verdad existen los vampiros que se alimentan de carne humana cuando estamos completamente indefensos ante los demonios. Si hiciéramos caso y otorgáramos el beneficio de la duda a una ínfima porción de todo eso, el terror se apoderaría de nuestra alma, no tendríamos cómo defendernos o defender a los nuestros.
No tenemos fe, no tenemos a Dios para que nos resguarde, para recurrir a Él y pedirle todos los días consuelo, fortaleza y más fe para enfrentarnos al Maligno y a todos sus servidores. Por eso es lógico que nos veamos en la obligación de asumir que todo eso es conspiranoia, que no existe ese nivel de maldad entre seres humanos y que en realidad son metáforas. Al fin y al cabo, no hay pruebas que acrediten que nada de eso existe, ¿o sí?
No importa que dé la casualidad de que quienes distribuyan esa mercancía llamada información sean los mismos sujetos a quienes los “conspiranoicos” señalan de ser vampiros y adoradores de demonios, ¿qué puede tener que ver una cosa con la otra? Los demonios y sus servidores tienen que ser un invento de locos, supersticiosos, cosa de las películas de Stanley Kubrick. Nada de eso puede ser real porque si lo fuera, ¿cómo dormiríamos a la noche, con qué cara volveríamos a sonreír? Si no tenemos un Dios que nos ampare, si no tenemos a quién rezarle para pedirle que por favor proteja a nuestros niños, mejor que todo eso sea un cuento o de lo contrario, ¿quién podría volver a vivir en paz?

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