Y por fin llegó el día. Argentina se reencontró con el fútbol. Y no cualquier día, nada menos que en una semifinal de Copa del Mundo y nada menos que frente a Inglaterra. Es momento de decir lo obvio: ese no era tan solo un partido de fútbol y no era cualquier partido de fútbol, pero los muchachos estuvieron a la altura. Pase lo que pase y se presente como se presente, siempre están a la altura.
Desde hace varios partidos en lo personal vengo repitiendo la misma perorata: Argentina juega a lo Boca, ganando con huevo, garra y corazón. Aunque nos gustaría a todos volver a verla jugando a la pelota como en el mundial de Catar. Bueno, los muchachos me cerraron el orto justamente contra Inglaterra, como para demostrar que aquello de “es solo un partido de fútbol” era una patraña que nos decíamos nosotros mismos para concentrarnos en los detalles técnicos mientras a fuego lento, en los corazones, se cocinaba una guerra.
Una guerra, dije, no nos hagamos los boludos. Una guerra simbólica que viene a colocar una vez más una curita en el alma herida de esta patria que no se rinde nunca, no hay caso. Como lo hizo el Diego, otra vez la Scaloneta paseando en pija a un equipo pirata sin alma, atrincherado en su área y completamente desconocido. Sí, es verdad que la pechearon desde el mismo momento en que se encontraron con el gol, pero también es cierto que durante todo el partido el juego fue de Argentina, los muchachos encerraron al pirata en un arco.
Sacando de lado el error de Molina en el gol, lo cierto es que durante noventa minutos la posesión fue nuestra. Los “cracks” jamás aparecieron, se borraron los Kane y los Bellingham como por arte de magia pero acá no hubo magia, lo que hubo fue fútbol. “El carnicero de Manchester”, le dicen al Licha Martínez. Y junto al Cuti Romero algún trasnochado los caracterizó como “la peor mejor dupla de centrales” de todo el mundial. Te vienen sacando todas pero en cualquier momento se mandan una y se hacen ellos solos algún gol.
El Cuti, con toda la elegancia del mundo, respondió a esa descripción: “El día que me retire lo único que le pido a la vida es no llegar a ser tan estúpido”. Pero antes de esas declaraciones, los centrales habían respondido a gritos con las piernas en el verde césped. Así habla Argentina, habla con juego y en la cancha, sin calentarle la oreja a nadie, sin menospreciar a nadie y atendiendo a su juego, como el Antón pirulero.
Y pensar que hubo más de un cagón que andaba temiendo que los Martínez (Lisandro y Emiliano), Enzo Fernández, Romero o Mac Allister se tiraran atrás y no le jugaran con de todo a Inglaterra tan solo por darse la circunstancia casual de que esos jugadores desempeñan su actividad habitual en clubes de la Premier League. Vamos, muchachos, ¿acaso Messi no jugaba en el PSG cuando salió campeón del mundo en Catar 2022? Y cuando volvió a jugar al club por poco no le escupen la cara sus propios compañeros (entre quienes se contaba el mismísimo Kylian Mbappé), pero al loco le chupó un huevo todo. Desculiada no hay.
Diego se puteó a media Italia cuando le chiflaban durante el Himno en 1990 y después de perder la final siguió jugando en el Napoli como si nada. Nah, bajarse los calzones solo porque el otro te paga un sueldo no es una opción para un argentino, porque en el ADN del argentino está ese gen rebelde de hispano, de negro y de indio (mestizo, como no podía ser de otra manera) que le impide comportarse como lo haría un agachado.
Si te fijás bien, terminado este mundial Messi tendrá que ir a ponerle la chota arriba de la mesa a un Beckham que la tiene bien adentro y se la tiene que morfar con mostaza porque sabe que no puede ponerse de culo a la gallina de los huevos de oro. Es hermoso eso. Como cuando Robustiano Patrón Costas se quejó de que por culpa de Perón el negrito cabeza que iba a negociar su salario no bajaba la cabeza, sino que miraba a los ojos y no pedía, discutía.
¿Que el Cuti Romero se va a tirar a menos justamente contra Inglaterra solo porque vive y come ahí? Vamos, seamos serios. Pensar una cosa como esa habla más del que lo dice que del otro. Botellita de jerez… Porque no, no fue así. Paredes hizo todo el tiempo honor a su apellido y se jugó otro partidazo, aunque al salir reemplazado no se le vio ni una mueca de fastidio. Eso es extraordinario de este grupo también. Piensan primero en lo colectivo, jamás en la individual.
Lo paradójico es que individualidades hay y de sobra, por eso resulta fundamental la mentalidad de armado de juego a partir de Messi, sin la necesidad de que toda jugada termine en Messi. No sé si me explico. Yo ayer cuando vi la que a Alexis se le fue al palo y salió viva en diagonal me emocioné. Minuto noventa y dos, conseguiste un empate a los ochenta y cuatro y los tenés a los ingleses cagones en un arco pero no entra, no entra, no entra. La caprichosa de mierda. Y en eso Mac Allister encuentra un espacio, le pega bien y le da en el palo.
Y la frustración se le ve en la cara a Alexis, estás jugando visiblemente mejor pero aún así te encontrás virtualmente a seis minutos de volver a jugar un alargue que no merecés, vos sabés que estás para ganar en los noventa. De atrás viene Julián Álvarez y le da una palmada cariñosa en la nuca al colorado como diciendo: “Tranquilo, que la jugada sigue”. Ahí entra en escena el nene este, el pibito de 39 años, que la sale a buscar como si fuera el Colo Barco o Nico Paz, que se supone que fueron convocados por su electricidad y su velocidad, por lo jóvenes que son.
Pero este no es Paz y no es Barco. Es un alienígena. Encara al área, atrae toda la defensa inglesa para sí, la gambetea y saca un centro perfecto de derecha para que Lautaro la mande adentro metiéndose entre dos que le sacan cada uno una cabeza de estatura. Estamos en la final. Sin gol de Messi, con dos pases de Messi. Yo, que me quejaba de que el amor y el temor reverencial que le tienen al 10 le pudiera jugar en contra al equipo, porque siempre buscaban pasársela a él en lugar de pegarles ellos al arco, no tengo más nada para decir, tan solo gracias.
Pero ese cambio en el funcionamiento del juego es hijo de una decisión, eh. Porque es Leo el que ve que tirándose a la derecha puede hacer más daño que plantado en el área. Eso es resultado de su visión de juego y su hambre de gloria en movimiento. Al tipo no le interesa llevarse el botín de oro, lo que quiere es ver a Argentina en lo más alto. Y por qué no, salir campeón. Y si lo quiere él lo queremos todos, porque todos queremos que él sea feliz.
Ya no nos queda más por pedirle a Messi, solo queremos que sea feliz y si eso conlleva tener que volver a ser campeones del mundo, bueno, se hará lo posible por lograr lo que desea Su Majestad. Lo que desde mi lugar puedo decir es que voy a escuchar el Himno Nacional Argentino por cuarta vez en una final de la Copa del Mundo. La primera vez era un bebé y no me acuerdo, pero las otras tres se las debo a Lionel Messi. ¿Qué más le puedo pedir al fútbol?
Sé que a ninguno de nosotros nos gusta ser Cebollita subcampeón y ya que estamos queremos ganar y volver a ser por cuatro años más el grano en el culo de todos los ardidos y los resentidos del mundo del fútbol. Pero el partido era ayer, yo ya no pido más nada, solo que sea la Voluntad de Dios. A San Judas Tadeo, mi santito de cabecera, cometí el error de prometerle en el minuto noventa y algo, justo antes del gol del Toro, que si no nos íbamos a alargue el domingo lo dejaba en paz. Te doy franco, San Judas. Por favor, que ganemos hoy.
Y me cumplió el loco, cómo no le voy a cumplir yo. Claro que a todos mis otros santos no les di franco y ustedes tampoco lo hicieron con San Judas, por lo que este domingo están solemnemente invitados a rezarle una oración o prenderle una vela. Pero yo no. Porque yo ya vi a Argentina campeón del mundo, ya vi a Messi levantar la Copa y vi finales, pero nunca había visto a mi selección pasándole la chota por la cara a Inglaterra y hoy puedo decir que ya la he visto. No necesito nada más. El partido era ayer.
Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. Porque no era “solo un partido”, era un mimo para nuestros héroes que lo miran desde el Cielo. Era un reconocimiento para aquellos que dejaron la carne bajo una cruz fría y la placa de “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Argentina, quiero verte bicampeón pero si se llega a dar el caso de que el asunto no termine como todos estamos deseando, tan solo tengo gratitud para mis jugadores. Que la Virgen de Luján los proteja con su manto y que sean felices, no tienen idea de la felicidad que nos han dado a todos los argentinos.
No nos acostumbremos a pensar que esto es normal, eh. Disfrutemos partido a partido lo que hemos obtenido hasta aquí, porque vendrán tiempos en los que esta jodita de jugar tres de las últimas cuatro finales del mundo se va a terminar y habrá que tener corazón para aguantar un nuevo ciclo. La última vez la sequía sin ningún título nos duró veintiocho años.
Mi viejo se murió sin haber visto a Messi empezar a brillar. Y les va a pasar a muchos que se vayan y a otros que se hagan hombres sin que puedan darse el gusto de decir: “Yo lo vi jugar a Fulanito” como mi papá decía por Maradona y como yo puedo decir de Lionel Andrés Messi Cuccittini. La rutina de lo extraordinario.

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